Úlceras por Presión (Escaras): Cómo Prevenirlas
Guía para prevenir las úlceras por presión en personas mayores encamadas: cambios posturales, cuidado de la piel, nutrición y primeros signos de alarma.
La descubres al cambiarle el pañal o al asearlo: una mancha rojiza en la parte baja de la espalda, justo sobre el hueso. No hay herida, no sangra, y tu madre no se queja demasiado. Es fácil pensar que "es de estar tumbada" y que se irá sola. A veces se va. Pero si esa rojez no palidece cuando la presionas con el dedo, ya no es una marca: es el primer estadio de una úlcera por presión, lo que la mayoría de la gente llama una escara. Y ese es exactamente el momento en el que todavía se puede evitar todo lo que viene después.
Esta guía está pensada para familias que cuidan en casa a una persona encamada o con muy poca movilidad. Es el desarrollo en profundidad de un tema que tratamos de forma general en nuestro artículo sobre cómo cuidar a una persona encamada en casa: aquí nos centramos solo en las úlceras por presión, porque es el problema que más rápido se complica y el que más se puede prevenir.
Qué es una úlcera por presión y por qué aparece tan rápido
Una úlcera por presión es una lesión de la piel y de los tejidos que hay debajo, provocada por la presión mantenida de una zona del cuerpo contra una superficie —normalmente el colchón o el asiento—. Cuando el peso comprime los tejidos contra el hueso, los pequeños vasos sanguíneos se cierran, la zona deja de recibir oxígeno y las células empiezan a morir. No hace falta un golpe ni una herida: basta el propio peso del cuerpo, quieto, durante horas.
A la presión se suman dos factores que casi nadie tiene en cuenta:
- La cizalla — cuando se arrastra a la persona por la cama en lugar de deslizarla, o cuando resbala hacia abajo con la cabecera muy elevada, la piel se queda pegada a la sábana mientras los tejidos profundos se desplazan. Es especialmente dañina.
- La humedad — orina, sudor o heces reblandecen la piel y destruyen su barrera protectora, de modo que aguanta mucho menos la presión.
Por eso las lesiones aparecen siempre en los mismos sitios: las prominencias óseas. En una persona tumbada boca arriba, las zonas críticas son el sacro (parte baja de la espalda), los talones, el coxis, los codos, los omóplatos y la parte posterior de la cabeza. De lado, las caderas (trocánteres), los tobillos, las rodillas y la oreja. Sentado, el sacro y los isquiones.
Los números que conviene conocer (y por qué son buenas noticias)
El GNEAUPP (Grupo Nacional para el Estudio y Asesoramiento en Úlceras por Presión y Heridas Crónicas) es la referencia española en este ámbito y publica periódicamente estudios nacionales de prevalencia. Su V Estudio Nacional, con datos de 2017, encontró una prevalencia del 7,6 % entre personas atendidas en programas de atención domiciliaria, y un dato que explica por qué este artículo va dirigido a las familias: alrededor del 79 % de esas lesiones se habían originado en el propio domicilio, no en el hospital.
La otra cara de esa estadística es la esperanzadora: los especialistas del propio GNEAUPP estiman que en torno al 95 % de las úlceras por presión son evitables con los cuidados y los recursos adecuados. Es decir: no son una consecuencia inevitable de estar en la cama. Son, casi siempre, un problema de método. Y el método se puede aprender.
¿Quién tiene más riesgo?
En el ámbito sanitario el riesgo se mide con escalas validadas que aplica el personal de enfermería. Las más usadas en España son la escala de Braden —valora percepción sensorial, humedad, actividad, movilidad, nutrición y roce, con una puntuación de 6 a 23 puntos en la que menos puntos significa más riesgo— y la escala de Norton. En Cataluña se emplea además la escala EMINA, desarrollada y validada en los hospitales del Institut Català de la Salut, que puntúa cinco factores: estado mental, movilidad, incontinencia, nutrición y actividad.
No hace falta que la familia puntúe nada, pero sí que reconozca las señales que hacen subir el riesgo:
- No poder cambiar de postura por sí mismo, o no tener fuerza para hacerlo.
- Incontinencia o piel expuesta a humedad de forma habitual.
- Comer poco, haber perdido peso, delgadez marcada o anemia.
- Deterioro cognitivo o sedación: no percibir la molestia o no poder avisar de ella.
- Diabetes, insuficiencia venosa o cualquier problema circulatorio.
- Haber tenido ya una úlcera por presión antes: es uno de los mejores predictores de que vuelva a ocurrir.
Si tu familiar cumple varios puntos, pide en el CAP que enfermería haga una valoración formal del riesgo y establezca un plan de prevención por escrito. Es un derecho y es gratuito.
¿Has visto una rojez que no desaparece?
Es el momento de actuar, no de esperar. Nuestras cuidadoras tienen experiencia en movilización, cambios posturales y prevención de escaras en personas encamadas. Cuéntanos la situación por teléfono y te orientamos sin compromiso sobre qué cuidado necesita tu familiar.
Llamar — +34 669 02 32 79Cómo se reconocen: de la rojez a la herida profunda
Las lesiones por presión se clasifican por categorías, siguiendo los criterios que el GNEAUPP comparte con las organizaciones internacionales de referencia (EPUAP y NPIAP). Saber distinguirlas ayuda a entender cuándo se puede manejar en casa y cuándo hay que llamar:
- Categoría I — eritema no blanqueante. La piel está intacta pero hay un enrojecimiento que no palidece al presionar. Puede haber calor, endurecimiento, edema o dolor. Es reversible si se retira la presión de inmediato.
- Categoría II — pérdida parcial del espesor de la piel. Aparece una abrasión, una erosión superficial o una ampolla (flictena), con lecho rosado. Ya es una herida abierta.
- Categoría III — pérdida total del grosor de la piel. Se ve la grasa subcutánea, pero no hueso, tendón ni músculo. Puede haber cavitación.
- Categoría IV — pérdida total del tejido. Hueso, tendón o músculo expuestos. Alto riesgo de infección grave.
- No clasificable (la profundidad no se puede valorar porque hay tejido necrótico cubriendo la base) y sospecha de lesión de tejidos profundos (una zona morada o marrón bajo piel intacta, que indica daño por debajo).
La herramienta doméstica más útil es la prueba del blanqueamiento: presiona suavemente con un dedo la zona enrojecida unos segundos y retíralo. Si la piel se queda blanca y recupera el color, la circulación responde. Si sigue roja, es categoría I. En pieles oscuras el enrojecimiento puede no apreciarse: fíjate en cambios de tono (morado, azulado) y sobre todo en el tacto, la temperatura y la consistencia de la zona comparada con la piel de al lado.
Los cinco pilares de la prevención
1. Cambios posturales programados
Es la medida número uno. La referencia más habitual en la práctica clínica española son cambios cada 2-3 horas durante el día, con la advertencia de las guías de que la pauta debe individualizarse: hay evidencia que respalda espaciarlos hasta 4 horas cuando la persona descansa sobre una superficie viscoelástica adecuada. Tres detalles técnicos que marcan la diferencia:
- En la postura de lado, no sobrepasar los 30 grados de inclinación. El clásico "de lado del todo" (90 grados) carga toda la presión sobre la cadera.
- Mantener la cabecera de la cama por debajo de 30 grados y solo el tiempo necesario. Incorporarla mucho hace que el cuerpo resbale y genera cizalla sobre el sacro.
- Deslizar, nunca arrastrar. Usa una entremetida (sábana doblada bajo la persona) y, si puedes, hazlo entre dos. La técnica correcta la explicamos en la guía de movilizaciones y transferencias seguras, que además protege tu espalda.
Un consejo práctico que funciona en casa: una hoja de cambios pegada dentro del armario, con la hora y la postura. Convierte una buena intención en una rutina que cualquiera que entre en casa puede continuar.
2. Descargar los talones
Los talones son, después del sacro, la localización más frecuente, y la más olvidada. El objetivo es que el talón quede "flotando", sin tocar el colchón: se consigue colocando una almohada a lo largo bajo las pantorrillas, de modo que el peso de la pierna se reparta por la pantorrilla y el talón quede al aire. Ojo: la almohada bajo las pantorrillas, no bajo el talón.
3. Piel: mirar cada día y tratarla bien
- Inspección diaria de todas las prominencias óseas, aprovechando el aseo. Mirar es la mejor herramienta de prevención que existe.
- Lavar con agua tibia y jabón suave, y secar a toques, sin frotar, con especial atención a los pliegues.
- No masajear las prominencias óseas ni las zonas enrojecidas: el masaje intenso sobre un tejido ya comprometido lo daña más.
- No usar alcohol, colonias ni tónicos con alcohol: resecan la piel y la vuelven más frágil.
- Hidratar la piel, y en las zonas de riesgo aplicar los productos indicados por enfermería: habitualmente ácidos grasos hiperoxigenados, y en sacro o talones apósitos de espuma de poliuretano como protección frente a presión y roce.
4. Controlar la humedad
Una piel constantemente húmeda es una piel que se rompe antes. El absorbente debe cambiarse en cuanto está mojado, no cuando está saturado, y aplicarse una crema barrera en cada cambio. Es un tema con suficiente miga para tener su propia guía: cuidado de la piel en la incontinencia y prevención de la dermatitis del pañal.
5. Comer y beber lo suficiente
Una persona desnutrida no tiene material con el que reparar su piel. Las guías de prevención manejan como orientación un aporte de 30-35 kcal por kilo de peso al día y en torno a 1-1,25 g de proteína por kilo en personas en riesgo, con necesidades mayores si ya existe una úlcera —siempre a valorar por el médico o el nutricionista, sobre todo si hay problemas de riñón. En la práctica: reforzar proteína en cada comida (huevo, pescado, carne, legumbre, lácteos), no descuidar el agua y consultar si tu familiar está perdiendo peso. Ampliamos esto en el artículo sobre desnutrición en personas mayores.
Superficies especiales: útiles, pero no mágicas
Los colchones viscoelásticos y los de aire alternante, junto con los cojines terapéuticos, reducen de forma real el riesgo y son muy recomendables cuando la movilidad es muy limitada. Pero son un complemento de los cambios posturales, no un sustituto: la lesión que aparece con más frecuencia en casa es la de la persona que tiene un buen colchón y pasa nueve horas seguidas en la misma postura.
Y una advertencia concreta: no uses rodetes ni flotadores tipo donut. El GNEAUPP recomienda expresamente evitarlos porque no reparten el peso, sino que concentran la presión en el anillo de contacto y provocan edema y congestión venosa, favoreciendo la úlcera que se quería prevenir.
Errores frecuentes que vemos en los domicilios
- Esperar a ver "si se va sola" una rojez que no blanquea.
- Frotar o masajear la zona enrojecida "para que circule la sangre".
- Secar con secador de pelo o aplicar alcohol y polvos de talco.
- Dejar la cabecera muy elevada muchas horas por comodidad.
- Dejar de hacer cambios nocturnos porque "no hay que despertarla".
- Poner povidona, mercromina o remedios caseros sobre una herida abierta.
- No mirar los talones nunca, por estar tapados con la sábana.
Cuándo hay que llamar (y a quién)
Este artículo es informativo y no sustituye la valoración de un profesional sanitario. La prevención se hace en casa; el tratamiento de una úlcera ya establecida corresponde a enfermería, que valorará la lesión, elegirá el apósito y hará el seguimiento. Contacta con el centro de salud:
- Ante una rojez que no blanquea y no mejora en 24-48 horas pese a retirar la presión.
- En cuanto haya una ampolla, una erosión o piel abierta (categoría II o superior).
- Si aparece una zona morada o negruzca bajo piel intacta.
Y busca atención de forma urgente si hay signos de infección: dolor que aumenta, piel de alrededor roja, caliente e hinchada, exudado purulento o de mal olor, fiebre, decaimiento brusco o confusión. Una úlcera infectada empeora de forma muy rápida en una persona mayor y frágil.
Cómo ayudamos en Atention
La prevención de las escaras es, sobre todo, un problema de constancia: alguien tiene que estar ahí cada tres horas, también a las cuatro de la madrugada. Eso es muy difícil de sostener para un hijo o una hija que además trabaja, y es exactamente donde entra una cuidadora profesional. Nuestras cuidadoras realizan los cambios posturales de forma programada, descargan los talones, revisan la piel a diario, cuidan la humedad tras cada cambio y avisan a la familia y al centro de salud ante el primer enrojecimiento que no blanquea.
En los casos de dependencia total, la modalidad que mejor cubre esta necesidad es la cuidadora interna 24h, porque garantiza también los cambios nocturnos; cuando la familia se ocupa de día, la solución habitual es un turno de noche profesional. Y si lo que hace falta es apoyo en los momentos clave del día —aseo, comidas, movilizaciones—, existe la asistencia por horas.
Con 13 años trabajando en Sabadell y el Vallès Occidental, contratamos directamente a las cuidadoras: la familia nunca es la empleadora y no asume nóminas, bajas ni responsabilidades legales. Si la cuidadora enferma, la sustituimos nosotros, porque un cuidado que no admite pausas no puede depender de la suerte. Además entregamos la medicación organizada en blíster a domicilio sin coste y tramitamos gratuitamente la Ley de Dependencia, que en situaciones de encamamiento suele dar derecho a una prestación que cubre buena parte del coste del servicio.
Preguntas frecuentes
¿Cómo se previenen las úlceras por presión en una persona mayor encamada?
Con cinco medidas que funcionan juntas: cambios posturales frecuentes (la referencia habitual en las guías es cada 2-3 horas, ajustada a cada persona y a la superficie del colchón), inspección diaria de la piel en las zonas de riesgo, mantener la piel limpia, hidratada y seca sin frotar, una alimentación e hidratación adecuadas y una superficie especial de manejo de la presión (colchón viscoelástico o de aire). Ninguna de las cinco sustituye a las demás: el colchón antiescaras no elimina la necesidad de mover a la persona. El GNEAUPP, referencia española en este campo, estima que en torno al 95 % de estas lesiones se pueden evitar con cuidados adecuados.
¿Cuál es el primer signo de una escara y cómo se reconoce?
El primer signo es un enrojecimiento que no palidece al presionarlo. Se comprueba con la llamada prueba del blanqueamiento: se presiona suavemente la zona enrojecida con un dedo durante unos segundos y se retira. Si la piel se pone blanca y luego recupera el color, es un eritema blanqueable (presión reciente, aún reversible). Si sigue roja, se trata de una lesión por presión de categoría I y hay que actuar ya: retirar toda la presión de esa zona y avisar a enfermería. Otros signos precoces son calor, endurecimiento (induración), edema o dolor local. En pieles oscuras el enrojecimiento puede no verse y aparecer como un tono morado o azulado, por lo que hay que fiarse también del tacto.
¿Cada cuánto hay que cambiar de postura a una persona con riesgo de escaras?
Las guías de práctica clínica recomiendan una pauta individualizada, no una cifra fija. En la práctica clínica española la referencia más usada son cambios cada 2-3 horas durante el día; hay evidencia que respalda espaciarlos hasta 4 horas cuando la persona descansa sobre una superficie viscoelástica adecuada. Lo importante es que sea una rotación programada y registrada (no "cuando se acuerde alguien"), que en la postura de lado no se supere una inclinación de unos 30 grados y que la cabecera de la cama no se eleve más de 30 grados salvo el tiempo imprescindible, porque incorporarla mucho aumenta la presión y la cizalla sobre el sacro.
¿Sirve el colchón antiescaras por sí solo?
No. Las superficies especiales de manejo de la presión (colchones viscoelásticos, de aire alternante, cojines terapéuticos) reducen el riesgo y son muy recomendables en personas con movilidad muy limitada, pero complementan los cambios posturales, no los sustituyen. Lo que sí conviene evitar son los rodetes y flotadores tipo donut: el GNEAUPP recomienda expresamente no usarlos porque, en lugar de repartir el peso, concentran la presión en el anillo de contacto y provocan edema y congestión venosa, favoreciendo justamente la lesión que se pretende evitar.
¿Cuándo hay que llamar al médico o a enfermería por una escara?
Siempre que la piel esté abierta, con una ampolla o con pérdida de tejido: a partir de la categoría II el tratamiento y la elección del apósito son competencia de enfermería, no de la familia. Y de forma urgente si aparecen signos de infección: dolor que aumenta, piel de alrededor caliente e hinchada, exudado purulento, mal olor, fiebre, decaimiento brusco o confusión. Una úlcera infectada es una situación grave. Tampoco hay que aplicar por iniciativa propia povidona, alcohol, polvos o remedios caseros sobre una herida abierta: pueden dañar el tejido y enmascarar la evolución.
¿Una cuidadora profesional puede encargarse de la prevención de las escaras?
Sí, y es una de las tareas donde más se nota la diferencia. Una cuidadora con experiencia mantiene la rotación postural también de noche, descarga los talones, revisa la piel a diario, cuida la humedad tras cada cambio de absorbente, vigila que la persona coma y beba lo suficiente y avisa en cuanto ve un enrojecimiento que no blanquea, cuando todavía es reversible. En situaciones de dependencia total suele ser necesaria una cuidadora interna 24h o un turno de noche, porque las horas nocturnas son precisamente cuando más tiempo pasa el cuerpo en la misma postura.
Fuentes consultadas: GNEAUPP (Grupo Nacional para el Estudio y Asesoramiento en Úlceras por Presión y Heridas Crónicas) — documentos técnicos de clasificación y V Estudio Nacional de Prevalencia; guías de práctica clínica de prevención y tratamiento de úlceras por presión basadas en las recomendaciones EPUAP/NPIAP/PPPIA; estudio de validación de la escala EMINA en los hospitales del Institut Català de la Salut. Contenido informativo: no sustituye la valoración de un profesional sanitario.
Cuidar a una persona encamada no se puede hacer sola
Si tu familiar está encamado y te preocupa su piel, llámanos. Valoramos la situación, te explicamos qué cuidado necesita y qué ayudas le corresponden. Podemos organizar una cuidadora con experiencia en 24-48 horas, también tras un alta hospitalaria.